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Raíces

Parte de mí se ha perdido indefectiblemente en el tiempo, la distancia, la eternidad. Historias lejanas, casi olvidadas, desconocidas, que ya no se recuperarán calan hondo en mi pecho.
Parte de esta que soy es gracias a esa que fui, la que se desvaneció esa mañana para siempre.
Raíces, esa sensación de ya no ser, de ya no estar.
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Otra vez...

Otra vez ese domingo. Otra vez acá y ella tan allá. Y los recuerdos se agolpan, brotan y desangran. Otra vez ese domingo tan gris y sombrío, tan vacío y tan sin vos.
Te sigo extrañando más que ayer, más que siempre.

Cómo se vive

Cómo se llena ese vacío, cómo se ocupa esa silla, cómo se quitan los recuerdos, cómo se detiene su voz en mi cabeza, cómo se vive con este vacío tan vacío. Cómo se aprende de lo no vivido, cómo se suplanta lo isuplantable, cómo se arranca el remordimiento, cómo se vive con este vacío tan vacío. Cómo se duerme sin soñar, cómo se sigue sin la guía, cómo caminar sin sostenerse, cómo no llorar por no tenerte, cómo vivir con este vacío tan vacío.

Suficiente

Las ventanas que golpean una y otra vez al son del ulular de ráfagas de viento, resplandores que iluminan la habitación y la ausencia que se revela ensordecedora.
 En el rincón más oscuro dejo drenar en un llanto desgarrador esta agonía, esta herida putrefacta que dejaste habitando en mí desde que te fuiste.
Casi puedo escuchar tu voz en un reto con el ceño fruncido para que me levante de allí, ya ha pasado suficiente tiempo. Suficiente.
Un estruendo, las ventanas que golpean, se abren y yo que salto disparada. Suficiente me digo, lanzo a correr y me dejo empapar en vida.

IV

Heme aquí una vez más recordando, hurgando entre las letras oxidadas que el devenir del tiempo no ha logrado borrar.
Heme aquí una vez más desangrándome en letras inconexas e irreverentes que desafían a esta poeta a no extraviarlas otra vez.



Hasta Siempre, Ma...

Hace un mes y el dolor sigue intacto, sangrante y desgarrador. Te pienso e irremediablemente las lágrimas brotan y desbordan por mi rostro, intentando sanar esta llaga que habita en mi corazón. Si aún abrigo la esperanza que suene ese teléfono y del otro lado me digas, "¡hola, mamucha!", pero por más que lo mire día y noche ya no volverá a sonar ni hoy ni nunca jamás. Alguien me dijo que el dolor de perder a una madre es inmenso porque siempre la vamos a necesitar a lo largo de la vida, pero también alguien me dijo que este dolor es una llaga que por más que el tiempo pase va a seguir ardiendo. Quizás ya menos, pero siempre arderá. Hace un mes y quizás es demasiado pronto para recordarla con una sonrisa y pensar en los momentos únicos y maravillosos que me regaló la vida a su lado, porque solo puedo pensar en la premura de su partida, en la injusticia de tanto dolor y en lo que voy a extrañarla toda la vida. Todos los días me levanto y mi primer pensamiento es ella y cuando…

Futuro...

Y los días pasan, los años pasan, la vida pasa y la raza humana que muestra toda su mediocridad, alevosidad y asquerosidad. Y siento esa vergüenza ajena y esa repulsión en las entrañas. Y entonces pienso irremediablemente en el futuro, ese futuro que se aproxima y que golpea a la puerta, ese donde mis hijos deben crecer, desarrollarse y habitar. Y me invade la angustia, el asco, la desazón, por ese futuro corroído y putrefacto que espera a las próximas generaciones. Quisiera llenarme de optimismo, confianza y fe en que no todo está tan mal, en que nuestros hijos podrán disfrutar de la vida que les espera y ser felices, pero en lo más profundo de mi ser abrigo grandes dudas al respecto.